El miércoles sufrí mi primer masaje deportivo en la vida. La palabra masaje la asociamos normalmente con un evento para disfrutar y relajante. Ya me habían dicho y lo comprobé: un masaje deportivo no es nada placentero. Olvídate de las fotos de spa que has visto donde muestran fotos de masajes en una cabina zen o con vista al mar, una toalla blanca impecable, piedritas calientes, flores y aroma-terapia. No. El masaje deportivo no es eso. No vas a que te soben ni a que te consientan; la intensión es romper las fibras musculares que se han contracturado y así permitir a los músculos volver a su rango de movimiento.

Según me explicó Christian, el masajista, es importante hacerse un masaje cada mes aproximadamente. Pero si no lo has hecho nunca, sugiere 3 o 4 sesiones semanales primero (que por cierto son las mas dolorosas) y después seguir con una mensual. También me comenta que el día siguiente a un masaje deportivo conviene no hacer ejercicio para permitir a los músculos comenzar a repararse y que unas horas después del masaje es recomendable bañarse con agua fresca o fría. De hecho me comentó que la costumbre que tenemos casi todos en el mundo de bañarnos con agua caliente es mala pues afloja o “aguada” los músculos negativamente. Tiene la idea de que el invento del calentador fue una mala idea. Sugiere que todos deberíamos bañarnos siempre con agua fresca o fría.

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