El sábado 24 de Agosto de 2013 hice mi primer triatlón olímpico.

¡Hice un triatlón olímpico!
(Y quiero más).

Ya había hecho dos sprint: en Valle de Bravo y Monterrey, los dos este mismo año. Recuerdo muy bien lo nervioso que estaba para el de Valle -mi primero-. En la camioneta que nos llevó de donde dejamos el coche a la ZT estaba muy inquieto y tratando de ver y entender todo lo que sucedía alrededor. Otra competidor que venía en la camioneta (se veía que ya había hecho otros varios antes) preguntó que si era el primero -¡claro que se notaba!- y dijo que el primero es el mas difícil y que después se vuelven obsesión. Cuanta razón tenía.

Lo que no dijo, y que he aprendido este año, es que cada competencia nos enseña mucho y nos cambia para siempre. Los nervios siempre nos van a acompañar: en los preparativos, en el viaje, cuando vamos por nuestro paquete de competidor, al dejar la bici en la ZT, en la “última cena”, al ir a dormir la noche anterior, en la salida, en la llegada… son parte de la competencia.

Algo que aprendí en el de Monterrey es que si no hay nervios no hay una buena competencia. Antes de arrancar, escuchaba al comentarista hablar de otros triatlones: “el de Valle es difícil… el de Monterrey es mas fácil y muy buena opción para quien haga su primero”. Y yo ahí, nervioso, esperando la salida para hacer mi primero -en Valle-. Obviamente después de escuchar eso y de terminar el de Valle (bien dijo el compañero competidor: se hace vicio) decidí que definitivamente haría el de Monterrey. Así que, regresando a México, me inscribí.

En el tri de Monterrey aprendí que no por ser mas fácil, va a ser mas fácil. Me lo tomé a la ligera. Aunque los nervios estaban ahí, yo pensaba: “esto va a estar fácil, si ya hice el de Valle, que es mas difícil, entonces para que me preocupo de este”. Pues no.

Se me hizo mas difícil.

Definitivamente es mas fácil nadar en un río que parece alberca con agua transparente y donde si te quieres detener, te paras y el agua te llega al pecho; pero no por eso deja de ser igual de demandante. Lo nadé, pedaleé y corrí completo pero en todas las pruebas se me hizo mas pesado. Lo subestimé y me lo cobró. No es que hubiera entrenado mejor para Valle, no es que estuviera en peor forma en Monterrey; solo que no me concentré ni enfoque como debía. Y de nada sirvió porque quisiera o no, estaba nervioso también.

Después de Monterrey pensar en hacer otro sprint mas me parecía que sería como no avanzar por lo que ahora el reto fue un olímpico. El doble de distancia en todo: 1,500 m nadando, 40 kms en bici y 10 kms corriendo. ¿Estaba listo? No, seguramente no, pero aún tenia 3 meses para entrenar. Así que decidí hacer un entrenamiento de verdad.

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