Cruce a nado del Estrecho de Gibraltar. España-Marruecos. Julio 2019.

Nos emocionamos, preparamos y entrenamos con meses de anticipación. Llegado el momento viajamos 9,000 kilómetros para nadar 20.

Estuvimos listos. Las condiciones eran buenas. Estupendas, de hecho.

Sabíamos que contábamos con un plazo de tiempo definido y que dependíamos de que las condiciones climatológicas y las mareas se alinearan para poder intentar cruzar.

Hay historias de cuando las condiciones no se dan o los nadadores pueden.

A veces no se logra.

Nuestra oportunidad para intentarlo estaba ahí frente a nosotros. El mar, el viento y los mares alineados, los brazos listos, los nadadores ansiosos, los días preciosos. Dependía de nosotros nada más.

Esperamos…

Paciencia.

¿Que esperamos?

Una autorización supuesta. Un permiso que alguien se tiene que inventar.

Esta vez, alguna persona que no conocemos, seguramente sentado en un escritorio lejos del mar y de los sueños de nadar, recibió un boletín en árabe que se trasquiversó en castellano.

Creo que se pidió pidiera un permiso que nunca se pidió.

Creo que fue un error que duró una semana mientras las condiciones eras buenas y, que terminará dentro de una semana, cuando la condiciones vuelvan a ser buenas…

para alguien más.

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