17-Enero-2016, domingo. De las 9:08 a las 10:51. 

Siempre he sido un poco “obsesivo” con los datos (en este caso los de los entrenamientos). Me gusta tenerlos aunque después, la verdad, no hago mucho con ellos. Lo que si es cierto es que saber cuanto fue la distancia, el tiempo y el nivel de esfuerzo ayudan para saber si el entrenamiento sirvió como estaba planeado. Poder ver la ruta recorrida en una vista aérea o el trazo de la altimetría quizás no sea tan útil para mí, pero ¡me encanta!

Antes de tener mi reloj que mide muchísimas cosas tuve otros gadgets. El Garmin 920 que tengo ahora mide la distancia y tiempo (total y por segmentos), frecuencia cardiaca, mapea la ruta con GPS, sabe la temperatura, mide la altimetría con su barómetro, en la alberca cuenta las vueltas y sabe que estilo de nado es, para la vida diaria cuenta pasos y horas de sueño, se conecta con mi teléfono por bluetooth y descarga toda esta información sin que yo tenga que hacer nada y además me manda mensajes y… muchas cosas más. Antes tuve (uno a la vez): un reloj que hacía casi lo mismo (el modelo anterior: 910), una computadora para la bicicleta (con una gran pantalla a color, GPS y mapas de todo México y Norteamérica), usaba aplicaciones para iPhone y, antes, para Blackberry. Cuándo empecé con la bici de montaña, y no existían todos esos avances (o existían algunos que yo no tenía), me compré una sencilla “computadora de bicicleta” Schwinn que se conectaba, por cable, a un sensor en la rueda y, en base al diámetro calculaba la distancia recorrida, también cronometraba el tiempo y calculaba la velocidad promedio; además tenía odómetro (para conocer el recorrido total de la bicicleta) y creo que daba un cálculo aproximado de las calorías quemadas. Ah, cierto, ¡también tenía reloj!

Antes era mucho más simple (quizás hasta más disfrutable) lo que se podía medir. Pero igual que con todo lo demás, las nuevas posibilidades que brindan los avances tecnológicos, nos vuelven (seguramente no a todos, pero a mi si) más dependientes de la tecnología. Por ejemplo, ahora no concibo nadar en aguas abiertas sin saber la distancia que nadé.

Sin embargo,afortunadamente siempre habrá algo que nos muestre que todo eso no es necesario y que podemos entrenar perfectamente bien sin tantas cosas. Hoy, por ejemplo, se le acabó la pila a mi reloj. Qué tontería… y qué bueno.

Hubiera sido tan fácil fijarme ayer cuanta pila tenía y cargarlo. Me di cuenta solo cuando estaba en la orilla del lago, a punto de empezar a nadar. Me apareció un “terrible” mensaje: Batería Baja. Me preocupé como si de verdad fuera algo importante; pensé que ojalá aguantara (¡la pila, no yo!) y me metí al agua pensando en eso ¡en vez de en nadar!

Esta vez no me acompañaron Gerardo o Christian en el kayak. Llegué al embarcadero poco después de las 8:00 y lo encontré demasiado tranquilo. Alguien que estaba sentado en la banqueta seguramente me reconoció porque me dijo: ‘No están ni Gerardo ni sus hermanos. ¿Buscas a alguien que te cuide, verdad?’ Le contesté que sí y me dijo que estaban todos de viaje en Vallarta (creo haber notado un poco de envidia, pero a lo mejor solo son ideas mías).

Para no hacer el cuento largo, no me pudo sugerir a alguien que me pudiera acompañar así que fui a buscar a Jonathan, del embarcadero Marina Acuario, que conozco porque es con quien a veces rentamos lancha. El nivel de agua del lago -más bien de la presa- está tan alto que no pude llegar a su embarcadero por el camino que conozco (por las canchas), entonces mejor le marqué. Después de unos minutos me avisó que su primo, Felipe, podía acompañarme. Lo fui a buscar por la calle que baja al embarcadero de Sta. Maria. Por ahí esta la entrada de las casas de toda su familia y por ahí se puede llegar al embarcadero y al lago.

Bajamos al botadero (la rampa por donde meten las lanchas al lago) y de entre algunas lanchas sacó un kayak rojo, un remo amarillo y un asiento de kayak color gris. Lo dispuso todo en la rampa mientras yo me quitaba pants, chamarra y tenis, y ponía el termómetro en la orilla del agua. Hacía mucho frío, estábamos a 5°C. El termómetro marcó que el agua estaba a 18°. La verdad es que no me daban nada de ganas de meterme… pero ya estoy metido en esto desde hace más de año y medio, entonces mejor ni lo pienso.

Le expliqué rápidamente la dinámica mientras casi temblaba de frío: salir hacia la casa naranja que se ve del otro lado del lago, dar vuelta a la derecha en dirección al Velo de Novia y… no parar por una hora. Le expliqué que el propósito es detenernos máximo un minuto para tomar el primer abastecimiento a los 60 minutos y que ahí podríamos regresar directamente hacia el embarcadero. Calculé que eso nos tomaría más o menos la 1:45 horas que me tocaba nadar. Parariamos una vez mas a la 1:30 horas para volver a tomar abastecimiento antes de llegar. Le di el ánfora con Accelerade que traía conmigo y me metí al agua. Con el frío que hacía afuera, casi ni la sentí fría.

Si mis cálculos eran correctos, estaríamos de vuelta justo a tiempo. ¿Entonces para qué tanta obsesión con el reloj? Ya lo he hecho antes y puedo calcular la ruta y el tiempo.

En mi cuenta de Garmin Connect se han registrado muchas de mis actividades. Casi cada entrenamiento está ahí perfectamente medido: distancias, tiempos, mapas de recorrido, etc. Puedo consultarlos en línea desde casi cualquier lugar. Fácilmente puedo saber cuántas veces he nadado, corrido o andado en bicicleta la última semana, mes o año; puedo ver que he hecho de ejercicio cualquier día o en un cierto período de tiempo. A veces puede llegar a ser útil, por ejemplo, el 4 de Agosto del 2011 (me di la tarea de buscarlo ahora desde mi celular) hice una vuelta en bicicleta a Bosque Real en 35:21 minutos, fueron 7.99 kilómetros a las 7:42 am. ¡Es el primer registro que tengo en la cuenta!

Definitivamente quedarme sin pila un día no hace mayor diferencia. Incluso ahora, que podría conocer mi frecuencia cardíaca al nadar (con la banda swim) -algo que hasta hace unos meses no se podía. Con la banda no puedes ver la frecuencia cardiaca en tiempo real, como en los otros deportes fuera del agua, sino que la banda guarda la información y la transmite al reloj fuera del agua. Esta iba a ser la primera vez que podría tener esos datos -en aguas abiertas- y me quedé sin pila a la mitad del recorrido.

No pasa nada, en verdad no me debe preocupar eso. Nade rico, nade bien.

Durante gran parte de la primer hora pensé en mis seres queridos, uno por uno. Vi a Rodrigo andando en bicicleta, le mandé fuerzas, vi a mi mama, a mi papá, a mis hermanos y sobrinos (nacido y por nacer), a mis suegros y a mi cuñada, a mis amigos y hasta a Manchas. A cada uno le dediqué un tiempo, cariño y buenos deseos. Veía el reloj de vez en cuando, monitoreando el tiempo. A los 58 minutos paré para el primer abastecimiento. Vi que llevaba 3,200 metros nadados, ¡nada mal! Felipe me pasó él ánfora, tome unos 300mL de Accelerade, y cuando estaba a punto de seguir, me dijo: ‘Mire para allá, se ve el Nevado de Toluca nevado’. Voltee y, tal como me dijo, se veía hermosa, por encima de las montañas de pinos, la cima blanca, nevada, del volcán Xinantécatl. Fue entonces cuando me cayó el veinte: el día está precioso, el cielo azul, el sol radiante, la vista divina, el lago tranquilo, con pocas lanchas y además, llevo un buen paso y no me ha dado frío; si se acaba la pila, que se acabe, me da igual.

Pues dicho y hecho, la siguiente vez que vi el reloj, estaba apagado. Solo seguí nadando. Un poco después empecé a sentir un retortijón y muchas ganas de ir al baño. ‘Espero aguantar hasta llegar y mantener el paso’, pensé. Me concentré en eso, en el estilo, en avanzar y me olvidé el tiempo. Más bien estuve sufriendo por ir al baño unos diez minutos hasta que por fin se me pasó. Entonces me concentré en el movimiento del agua y el ritmo del oleaje. Cuando he atravesado el lago en diagonal, como ahora pero en la tarde cuando sopla el viento, hay mucho movimiento incómodo. Como si estuviera nadando en una lavadora. Ahora no había casi viento y sentía en mismo movimiento pero mas suave. Es un oleaje un poco incómodo porque tiene un ritmo distinto al de mis brazadas. Me imagino que es porque la dirección del viento que no es la misma que la del nado. En una siguiente vez voy a ver si no se siente así nadando en línea recta, no diagonal.

Por ahí de las 10:30 de la mañana me dijo Felipe que ya llevaba hora y media. Me pasó él ánfora, tomé el resto de Accelerade y comenté con él que ya faltaba poco. Ya veía cerca el embarcadero. Le pedí que se fijara que hiciéramos mínimo 1:40 horas considerando que habíamos salido a las 9:08. Llegamos a las 10:51.

Nadé prácticamente el tiempo que quería y estoy seguro nadé más de 5 kilómetros. No se que tanto más… Ya afuera, en la rampa, me empezó a dar frío. Ya no estábamos a 5º pero seguía haciendo frío y yo estaba mojado. Di unos pasos hacia atrás y sentí el agua, casi me pareció caliente. Me dieron ganas de meterme otra vez pero mejor me vestí rápidamente, me despedí y me fui a desayunar… contento del nado de hoy.

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