Esto lo escribí el 7 de septiembre de 2016 mientras navegábamos de vuelta a Dover, aproximadamente una hora después de haber logrado cruzar nadando el Canal de la Mancha en 15 horas y 31 minutos. Venía llorando, hinchado, con un fuerte dolor en el hombro izquierdo y en muchas partes de mi cuerpo, con la lengua muy irritada por la sal, muy cansado pero sin poder dormir, sonándome la nariz como cada 5 minutos porque no dejaba de escurrir y con los sentimientos a flor de piel. En resumen: ¡increíblemente feliz!

“Me daba miedo haberme metido en esto y lo agradezco infinitamente.

Me daba miedo platicar mi decisión y cuando lo hice solo recibí cosas buenas.

Me daba miedo salir el día 6, y ahora me parece mejor que lo haya hecho.

Me daba miedo nadar de noche y me gustó mas que de día.

Me daban miedo las aguamalas y me picaron como 7 veces; solo una vez grité.

Me daba miedo no llegar y llegué.

Me daba miedo llorar y ahora hasta quiero que me vean llorando.

Entonces tener miedos es bueno porque superarlos es lo mejor que podemos hacer. Sigo teniendo muchos, pero creo que ahora les temo mucho menos.”

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